La
historia cuenta que Ladislao Biro siendo periodista, estaba molesto
por los trastornos que le ocasionaba su pluma fuente, cuando se le
atascaba en medio de un reportaje. Entonces, junto con su hermano
Georg, quíen era químico, logró una tinta que era muy útil para
la escritura a mano, pero que no podía utilizarse con la pluma pues
se trababa al escribir. Pero Ladislao obtuvo la idea de como resolver
este último inconveniente observando a unos niños mientras jugaban
en la calle con bolitas que al atravesar un charco salían trazando
una línea de agua en el piso seco: ahí se dio cuenta de que en vez
de utilizar una pluma metálica en la punta, debía utilizar una
bolita. La dificultad de trasladar ese mecanismo a un instrumento de
escritura residía en la imposibilidad para desarrollar esferas de un
tamaño suficientemente pequeño.
Ladislao
Biro patentó un prototipo en Hungría y Francia, en 1938, pero no lo
llegó a comercializar.
En
ese mismo año formaron la compañía Biro
Meyne Biro y
en un garaje con 40 operarios y un bajo presupuesto perfeccionó su
invento, realizando el 10 de junio de 1943 una nueva patente en
Buenos Aires. Lanzaron el nuevo producto al mercado bajo el nombre
comercial de Birome
(Acrónimo
formado por las sílabas iniciales de Biro
y
Meyne).

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